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Bolivia | Los votos golpearon al golpe

Luis Arce se proclamó ganador de las elecciones generales minutos después de la medianoche cochabambina (pasada la 1 de la madrugada de Argentina), cuando el Canal Bolivisión dio a conocer el boca de urna de la empresa Ciesmori.

Por Pablo Daniel Ovín

El binomio Arce-Choquehuanca del MAS-IPSP se imponía con el 52,4% frente al 31,5 del liberal Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana, y el 14,1% del ultraderechista Fernando el Macho Camacho de CREEMOS .

La noche fue larga y amañada. No solo la de este 18 de octubre esperando los resultados de las tan esperadas elecciones, sino la noche de casi un año de usurpación de la soberanía popular tras la renuncia forzada de Evo Morales y la instalación del gobierno de facto de Jeanine Añez.

Casi un año de represión, persecución política, estigmatización, racismo y violencia. Y de saqueo económico, ajuste y sumisión de Bolivia al Fondo Monetario Internacional.

Evo Morales, en su exilio argentino, fue quien minutos antes de conocido el desenlace anticipó desde Buenos Aires el final de la película de terror (o de terrorismo de estado) que vive su país. El ex presidente anunció pasadas las 23:30 de Bolivia que Lucho Arce era el presidente electo con más de 15 puntos de ventaja, según el conteo provisorio realizado por el MAS:

“Recuperamos la patria”, dijo Evo desde el Hotel Quaglialo de ATE, convertido en el bunker porteño del Movimiento al Socialismo.

Pero el cierre del suspenso fue con un tweet de la presidenta de facto Añez tras publicarse el contundente boca de urna: “Aun no tenemos cómputo oficial, pero con los datos que contamos, el Sr. Arce y el Sr. Choquehuanca han ganado la elección”, concedió la dictadora.

Hasta ese preciso momento, el escenario estaba preparado para el fraude, para tensar y postergar hasta las últimas consecuencias el reconocimiento a la expresión de la voluntad popular.

Tras una jornada más o menos normal y sin incidentes –párrafo aparte para las agresiones a veedores internacionales, entre ellos el diputado argentino Fagioli, y para los contratiempos del coronavirus– el proceso se enturbió al momento de cargar los resultados a la web del órgano electoral.

Más de cinco horas después del cierre de las urnas, la página oficial había computado apenas el 1,5% de los votos, cargados de manera selectiva y sumando solo las zonas céntricas para dar la foto de un Mesa ganador por más de 10 puntos.

Todo en el marco del pedido oficial de “paciencia” para esperar los resultados, que según el cuestionado Ministro Murillo podrían tardar hasta una semana.

La otra pata de la operación fue esconder el conteo rápido de la consultora Ciesmori, única habilitada para dar proyecciones no oficiales. Para ello, fuertes presiones a los canales nacionales y a la propia empresa encuestadora, que intentaba justificar una demora incomprensible para una elección de apenas algo más de 7 millones de votantes.

Pero Añez y compañía no podían ocultar el sol con la mano y estirar la agonía, y finalmente el golpe de Estado sufrió su golpe mortal: el de los votos del pueblo boliviano.

“Vamos a reconducir nuestro proceso de cambio sin odio y aprendiendo de nuestros errores” –declaró Lucho Arce en sus primeras palabras triunfales.

A partir de hoy se inicia un proceso difícil e intrincado: la transición. ¿Cómo será el traspaso de mando entre quienes reprimieron, persiguieron y asesinaron, a las manos de quienes fueron sus víctimas? ¿Habrá un proceso de juicio y castigo para los crímenes de lesa humanidad cometidos por los funcionarios salientes y por los militares y policías que quedan en funciones?

Cómo sea, la victoria del MAS es formidable e histórica, recuperando el poder por la vía democrática a menos de un año de perderlo por la fuerza, contra los medios locales, contra los discursos de odio, contra el “no vuelven más”, contra la OEA de Luis Almagro y contra los Estados Unidos de Donald Trump.

Y a nivel de la geopolítica regional, es una pieza que se suma a la reconstrucción del desmembrado bloque progresista latinoamericano junto al eje México-Argentina de Lopez Obrador y Alberto Férnandez-Cristina Kirchner, y con el PT de Lula expectante en Brasil.

Y un impulso para la próxima batalla por la vuelta de la izquierda en el continente: mientras Lucho Arce arrasaba en la elección boliviana, en Ecuador se habilitaba, tras muchas idas y vueltas, la fórmula presidencial de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa, con el binomio Arauz-Rabascal para competir en las próximas presidenciales de febrero del 2021.

En Bolivia vuelve la democracia, y en América Latina se resquebraja el discurso hegemónico de las derechas que dieron por muertos a los procesos populares, evidentemente antes de tiempo.

 

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