Home / Informacion / ENFERMARSE Y NO MORIR EN EL PROCESO
arton18371

ENFERMARSE Y NO MORIR EN EL PROCESO

Quién no se queja cuando un familiar o uno mismo se enferma y tiene que acudir a un médico para que te diagnostique y asigne un tratamiento. La realidad que nos toca vivir en la Argentina es deambular horas y días en pasillos de hospitales, clínicas y salas de salud, esperando en largas colas para ser atendidos o para que te den un turno al finalizar una temporada.  Caer en el sistema de salud actual es una caja de Pandora que en muchos casos dependerá de la suerte que tengas de poder ser atendido por un buen profesional o  conseguir a alguien piadoso que te vea como un ser humano. Lamentablemente nos estamos acostumbrando al maltrato, a que las “salitas” municipales atiendan hasta las 17 horas, que no existan guardias, ni ambulancias, que en los hospitales públicos o privados el promedio de espera es, en el mejor de los casos, de aproximadamente tres horas. Vemos como natural, fastidio mediante, que te deriven a otros lugares porque no cuentan con equipamiento o insumos suficientes, o la falta de medicamentos y su alto costo. O simplemente que no te miren a los ojos y por su insensibilidad no se den cuenta de lo que implica la incertidumbre de tener un ser querido enfermo o del padecimiento de tu cuerpo.

Menem lo hizo, dijimos muchas veces,  pero no alcanza con culpar a un presidente de turno o las políticas implementadas.  Como ciudadanos y ciudadanas, debemos exigir nuestro derecho. Sabemos de sobra que los sistemas de salud latinoamericanos quedaron fuertemente debilitados por la aplicación de recetas neoliberales.  “Invertir en Salud” decía un documento elaborado por el Banco Mundial en el año 1993.  La propuesta era restringir la actuación estatal a la prestación de un “paquete básico de salud” a los sectores más postergados.  El resto lo regulaba las leyes del mercado, la salud se volvía entonces una mercancía para empresarios codiciosos. Y seguimos votando a los que continúan con esas medidas.  Mientras tanto los sectores empobrecidos son cada vez más numerosos y el capitalismo exacerbado produce más enfermedades y ni hablar de la desocupación de una gran masa de trabajadores que ya no cuentan con una obra social,  ni  con las “prepagas”.

Miles de investigaciones sostienen el fracaso que implicó ese modelo, fundamentalmente en salud. Como afirma Asa Cristina Laurell: “… ésta reforma dañó gravemente las instituciones públicas y fue un fracaso social, ya que dificultó el acceso a los servicios de salud requeridos por la gran mayoría de la población. Contribuyó así al creciente descontento popular y a la pérdida de legitimidad de los gobiernos impulsores del nuevo orden social” .

No obstante esto se agrava también porque en la Argentina el sistema de salud presenta algunas singularidades.  Por un lado  las prestaciones públicas están repartidas en tres niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal. El mayor porcentaje de los fondos públicos son ejecutados mayoritariamente por las administraciones provinciales y municipales, algunas de ellas muy empobrecidas y con una mala distribución de sus recursos. Esto plantea una gran dificultad para el diseño de una política coordinada.  Ya que debería contar con un acuerdo entre  la Nación y las provincias, con ejes comunes para actuar conjuntamente. Pero también el sistema incluye más de 300 fondos de gerenciamiento y atención de la salud como son las obras sociales nacionales y provinciales, y las prepagas.

Según el economista Daniel Maceira,  existe  la necesidad de “encontrar propuestas de financiamiento, coordinación de fondos sociales y cobertura a partir de los cuales cada provincia pueda operar sobre su realidad, para luego identificar ejes comunes y avanzar hacia una segunda instancia regional y luego nacional”.

Pero fundamentalmente es necesario que el pueblo reaccione y exija un derecho humano fundamental, como es la salud. Demás está decir que es uno de los tantos derechos garantizado por la Constitución Nacional a partir de la reforma de 1994 y que en ese texto se incluyeron, los pactos y convenciones establecidos a nivel internacional. ¿Donde están esos principios que debiera contemplar la salud en la Argentina?  En 1978,  la comunidad internacional adoptó el concepto de «Atención Primaria de la Salud», una estrategia global y revolucionaria que involucra al sistema sanitario, a los gobiernos y las sociedades en su conjunto. Este compromiso fue asumido por los Estados firmantes de la «Declaración de Alma Ata», entre ellos, la Argentina.   ¿Qué decía esa Declaración sobre la Atención Primaria de Salud?. Allí se:  “reitera firmemente que la salud, estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, es un derecho humano fundamental y que el logro del grado más alto posible de salud es un objetivo social sumamente importante en todo el mundo, cuya realización exige la intervención de muchos otros sectores sociales y económicos, además del de la salud“.  Pero también dice que la Atención Primaria de la Salud es “…  un reflejo y una consecuencia de las condiciones económicas y de las características socioculturales y políticas del país y de sus comunidades, y se basa en la aplicación de los resultados pertinentes de las investigaciones sociales, biomédicas y sobre servicios de salud y en la experiencia acumulada en materia de salud pública y que comprende, una nutrición apropiada, un abastecimiento adecuado de agua potable y saneamiento básico; la asistencia materno-infantil, con inclusión de la planificación de la familia; la inmunización contra las principales enfermedades infecciosas; la prevención y lucha contra las enfermedades endémicas locales; el tratamiento apropiado de las enfermedades y traumatismos comunes; y el suministro de medicamentos esenciales; exige un personal de salud, con inclusión según proceda, de médicos, enfermeras, parteras, auxiliares y trabajadores de la comunidad, así como de personas que practican la medicina tradicional, en la medida que se necesiten, con el adiestramiento debido en lo social y en lo técnico, para trabajar como un equipo de salud y atender las necesidades de salud expresas de la comunidad”.

Por lo tanto desde el discurso neoliberal y la mercantilización de la vida, la salud para un gran sector de la población está plagada de una legitimación y valoración a los notables avances de la biología, la farmacología y la genética y opera reduciendo la complejidad del proceso salud – enfermedad – cuidado, a una sola de sus dimensiones (Stolkiner, 2013).  Y mientras tanto, desde esta lógica capitalista, seguimos fomentando y engrosando las cuentas de uno de los tantos sectores más poderosos del mundo.

 

Comentários no Facebook