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Feminismo punitivista: ¿A que nos referimos?

Reflexión realizada desde el programa de radio feminista Mal Habladas. Programa que surge de la necesidad de comunicar, de poner la voz y de hacer cuestionar, re-pensar y transformar todo aquello que nos atraviesa como colectivo y nos oprime, poniendo éstas herramientas al servicio de una mejor calidad comunicativa y reflexiva respecto a los temas que tratamos.  Nuestra mirada es feminista, y del conurbano, lugar donde nos criamos y en el cual vivimos, y desde esa perspectiva popular es de dónde queremos pensar y accionar el feminismo.

 IG: @mal.habladas FB: Mal habladas TW: @mal.hablada / Ilustración: Awita

Uno de los debates que se está abriendo cada vez más fuerte dentro del movimiento feminista, se refiere a la reflexión y a la crítica, sobre la posición de un feminismo punitivista. ¿A qué nos referimos con punitivista?
El punitivismo, definido de manera amplia, es la sanción o castigo que se vale de los recursos penales, para aleccionar y castigar algún abuso o crimen realizado por fuera de las leyes. La pena, si llega a ser sentenciada, es en general, la cárcel. Un feminismo no punitivo no quiere decir que el sistema judicial no intervenga. Un feminismo no punitivista es aquel, que desde el debate y la reflexión se pregunta, si es posible intervenir más allá de la búsqueda de un castigo con corrección moral.

¿Qué se pide cuando se exige justicia?

La justicia aparece como una condena individual a hechos puntuales.¿Podemos pensar en una justicia que intervenga en términos de reparación colectiva? Ya que lo que nos sucede no son hechos aislados sino que son parte de un entramado de complejas relaciones desiguales y violentas.
Otra cuestión es pensar qué pasa con los escraches. Práctica reparadora en muchos casos, y que remite, en general, a una decisión individual de quien decide hacerlo. Es una práctica que nos permitió como colectivo poner la voz y darnos abrazo y fuerza para visibilizar lo que con miedo y vergüenza nos obligaban a callar. Pero si el escrache apunta a sentencias punitivas, ¿qué riesgos se corren? ¿Todo es escrachable? ¿Quien decide dentro de un movimiento tan diverso que es escrachable y que no?

El castigo: La cárcel

El sistema carcelario reproduce prácticas patriarcales y violentas. La cárcel es: clasista, racista y machista.
¿Qué tipo de reparo o cambio social se puede generar en una institución que produce y reproduce la violencia que tanto repudiamos?
Si ampliamos la mirada y nos paramos desde un feminismo interseccional no podemos dejar de lado todas estas desigualdades.
Es importante pensar qué solución encontramos en recurrir al castigo, tanto para reparar como para efectivizar un mejoramiento social.
Cuando exigimos justicia, pedimos que un hecho no vuelva a ocurrir, ya que como decíamos, la mayoría de los casos no son aislados. Son actos que se repiten cotidianamente, sostenidos por un entramado social basado en estructuras patriarcales y capitalistas, como mayor fuerza.

¿Hay solución en buscar una condena puntual e individual?

mal_habladas_dibujo_2Sin juzgar a quienes así lo necesiten, y sin restar importancia a la urgencia en la que nos encontramos, la propuesta apunta a preguntarnos como colectivo.
¿Hacia dónde vamos como feminismo, si el lograr justicia se traduce únicamente en que sean encarcelados y reciban una pena violadores, abusadores y femicidas? ¿O podemos encontrar algo superador que incluya realmente una reparación social?
La antropóloga Rita Segato declaró: “La única manera de generar reparar las subjetividades dañadas de la víctima y el agresor es en la política, porque la política es colectivizar y vincular” ; “Fuimos capturadas por la idea mercantil de la justicia institucional como producto y eso hay que deshacerlo. Perseguimos la sentencia como una cosa y no nos dimos cuenta que la gran cosa es la ampliación del debate”.
Entonces, si lo contrario a la impunidad es el punitivismo estamos repitiendo lógicas patriarcales a la hora de pedir justicia. Buscar otras salidas no es fácil. Quizá corrernos y pensar otras formas, requerirá de poder seguir pensando juntes aunque no estemos de acuerdo y también de un compromiso de toda la sociedad con el problema.

 

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